ALEF-TAV EN EL VIEJO PACTO


El lector común del Viejo Pacto debe estar al tanto de la existencia de la partícula hebrea “et”, no traducida en las versiones. Esta partícula está conformada por dos letras: la Alef (א), primera letra del alfabeto hebreo y la Tav (ת), la última.

Según la tradición masorética, et (así llamada por los gramáticos) no tiene traducción y es uno de los morfemas gramaticales más difíciles del hebreo bíblico. Un conjunto de estas dificultades es morfológico (debido a los puntos vocálicos) y el otro es sintáctico. Las gramáticas hebreas no alcanzan a explicar totalmente el uso del morfema. Señalan su uso general y dan por sentado que lo que no puede ser enmarcado en las reglas gramaticales del idioma, constituye un error de copiado (por omisión o por adición), según convenga. Su ubicación en el Texto no es uniforme. También se observa que aparece con más frecuencia en prosa que en poesía. 

Las investigaciones realizadas por algunos exégetas (A.M. Wilson y J. Hoftijzer), en las que se evalúa cada una de las ocurrencias del morfema, concluyen que este no alcanza un uso sintáctico plenamente consecuente (Gramática del hebreo bíblico, Rudolf Meyer). El Abarim Publications’ Dictionary of Biblical Old Testament Hebrew comparte la misma opinión. Interesantes son las publicaciones de J. Macdonald: “La partícula τα en hebreo clásico: algunos datos nuevos sobre su uso con el nominativo” y T. Muraoka: “Emphatic Words”. 

Al analizar pasajes como 1 Samuel capítulos 1 al 8, donde la frecuencia del τα es más elevada, el prof. T. Muraoka concluye que no encuentra razón alguna para la omisión de 8 de las 116 ocurrencias que marcan el complemento directo definido. Lo mismo sucede en Génesis capítulos del 12 al 20, donde debería aparecer el morfema 86 veces, pero solo ocurre en 64 de ellas. Otros casos interesantes de estudio son las de los libros de Hageo (2.5) y Ezequiel (28.14). 

Compare los siguientes ejemplos:

Ejemplo gn 9 63

Alef-Tav, de origen fenicio, puede ser definido como esencia/existencia. A este precioso significado, y a su relación como primera y última letra del alefato con alfa-omega (ΑΩ - alfabeto griego), se le ha adjudicado tan poca importancia que la tradición la reconoce como una simple marca de acusativo, mientras que gramáticos contemporáneos lo consideran como un marcador de énfasis que puede ser omitido del texto sin oscurecer la gramática. Ocurre 7.372 veces, de las cuales 44 están relacionadas con Elohim, y acompañada con la letra hebrea vav, unas 1.719 veces. Nos preguntamos: ¿Qué se debería hacer? ¿Se les debe negar o se les debe explicar? 

La transliteración del nombre de las letras de este morfema Alef-Tav en algunos pasajes es teológicamente obligatoria en Gn.1.1, 16, 27; 2.8, 15; 3.24; 9.6; 22.13; 29.35; 31.12; Ex. 14.21, 25, 31; 20.1; Ec. 12.1 y Zac. 12.10, pero mientras descubrimos la relevancia de la presencia de esta misteriosa partícula hebrea, la indicaremos mediante un pequeño rombo. 

Tomemos el ejemplo de Números 9.2:

Ejemplo nm 9 4

Por la diferencia en la sintaxis de los idiomas hebreo y español, haremos uso del subrayado en la palabra que la antecede y la que le sigue. De esta manera indicaremos la ubicación del morfema en la oración, cuando esta no guarde la misma secuencia debido a la traducción (ver el ejemplo anterior).

De igual manera, es interesante resaltar que de la escritura pictográfica deriva el “alfabeto” paleo-hebreo, y de este, el hebreo cuadrado. 

Pictografi a alef tav 2

La primera letra del alefato paleo-hebreo: Alef (a) significa Fuerza, ya que proviene, en la escritura pictográfica, de una Cabeza de buey (a). La última letra del alefato es la letra tav (t), que tiene como imagen una marca en cruz (t), significando señal, pacto. En consecuencia, el símbolo Alef-Tav ( ta) significa, literalmente en la escritura pictográfica, Fuerza del Pacto.

Actualmente está disponible para la venta (tienda) los cinco primeros libros de la Biblia (La Ley). Proximamente, y en la Voluntad, tenemos previsto la publicación del resto de los libros del Viejo Pacto.

Viejo Pacto: La Ley